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INFORME ENERGIA MUNDIAL




TRANSICION ENERGETICA, DESCARBONIZACION:

LA NUEVA HUMANIDAD.


Lic. Martín Guglielmone

Experto en Energía

Julio 2021


La pandemia como punto de inflexión.


El 2020 fue el punto de inflexión en la historia de la energía mundial. Es muy trascendente lo que está pasando en el ámbito de las acciones para mitigar el cambio climático: la Transición Energética se aceleró fuertemente durante el año pasado en un proceso que se advierte irreversible.

Es difícil determinar si fue la pandemia del coronavirus la que terminó de catalizar un cambio drástico que venía teniendo resistencias en ciertos poderes importantes del mundo. Coincidencia o no, lo palpable es que se generó una corriente global de una fuerza inédita que abarca a los países centrales, a las instituciones y organismos multilaterales, a las mismas empresas petroleras y en general a todas las actividades económicas que buscan frenéticamente como descarbonizarse.

Un anuncio se destaca sobre el resto. Aunque puede haber pasado desapercibido entre tanta lluvia informativa del año pasado, se trata, por el impacto que tendrá, de una de las decisiones más importantes de la historia de la humanidad: China será net zero en 2060 (todas sus emisiones deben ser removidas, evitando que lleguen a la atmósfera).

Hoy emite el 28% de los gases de efecto invernadero del mundo, el equivalente a USA y Europa combinados. Es una transformación tan colosal como rápida. Significa que tendrá que reducir sus emisiones en un 90% y el resto compensarlo mediante sistemas limpios o con tecnologías que absorban más carbono de la atmósfera del que emiten. Estamos frente a una determinación que descuento se concretará porque hay razones geopolíticas, económicas y tecnológicas que apuntan en esa dirección, según veremos más adelante.

El impulso de China a la descarbonización es determinante por su influencia en el escenario mundial, su creciente sofisticación tecnológica y su escala de producción industrial. El orden productivo y económico del mundo se transformará radicalmente y con ello nacerá una nueva configuración del orden social y económico.

Europa viene siendo la precursora en este proceso y llega a esta nueva etapa de concreción era muy fortalecida porque ya ha recorrido parte importante de la de la curva de aprendizaje. A la par, su población incrementa su conciencia con relación al cambio climático propiciando condiciones favorables de mercado y exigencias de políticas que coadyuvan al proceso.

La meta net zero europea fue fijada en 2019 por el Parlamento y para 10 años antes que China, es decir, 2050. El Reino Unido, ya fuera del bloque, lo imitó en año y horizonte. En 2020, el Parlamento Europeo aprobó un paquete de recuperación llamado NextGenerationEU, que centralmente está basado en su Pacto Verde, en tiempo récord y por un monto billonario sin antecedentes.

Estados Unidos dio un gran giro con la asunción de Joe Biden. Su plan para convertir a su país en net zero para 2050 fue formulado en agosto de 2020. Apenas iniciado su mandato firmó la orden ejecutiva para el regreso al Acuerdo de París que había sido abandonado por su predecesor, Donald Trump, quien defendía una alianza con la industria petrolera.

En marzo, a los 2 meses de asumir, Biden invitó a 40 países a una cumbre del clima, mostrando que es un tema de altísima prioridad. Estuvieron presentes Xi Jimping, de China, Vladimir Putin, de Rusia, Angela Merkel, de Alemania y el resto de los principales líderes del mundo.

Por estos días, la ola de calor que sufre la costa oeste de ese país con el junio “más caluroso de la historia”, el derrumbe del edificio en Miami donde podría haber influenciado el aumento del nivel del mar y los recientes incendios de California, muestran muy claramente que las medidas masivas y urgentes para mitigar el cambio climático son necesarias para lograr un lugar predominante en el nuevo escenario mundial, pero, antes, para minimizar los desastres naturales que se predicen, evitar el sufrimiento humano a escala y producir “ahorros” respecto de las pérdidas e inversiones billonarias asociadas.

El punto de inflexión también puede verificarse entre las mismas empresas petroleras. Un caso es el de la francesa Total que ocupa el 7º lugar en ranking mundial de las mayores petroleras por facturación. Hace poco más de un mes su asamblea de accionista resolvió cambiar la denominación a TotalEnergies reflejando su transformación a una empresa multienergética. Buscan aumentar su producción de energía mientras reducen las emisiones de efecto invernadero. Además de petróleo y gas, harán electricidad, hidrógeno, bioenerías, solar y eólica.

En realidad todas las empresas han comenzado un carrera de descarbonización. Un caso local es el de Toyota Argentina. Para 2030 planea tener su planta de Zárate (una de las 3 en el mundo que produce la Hilux) totalmente descarbonizada. Ni un camión que ingrese podrá emitir gases contaminantes.

Algunas empresas globales están dejando de atar las remuneraciones de los/las Ceos a los resultados financieros para vincularlos a metas de descarbonización. Un estímulo que sin dudas será efectivo.

La certificación de descarbonización en origen podría ser una nueva gran barrera comercial. Por ejemplo, la Comunidad Económica Europea está estudiando (e invitando a hacerlo a países como Argentina) mecanismos de certificación de huella de carbono en origen. Cada producto, sea cual fuere, deberá demostrar ser “verde” en la totalidad de su cadena de producción hasta llegar a las manos del consumidor: desde cualquiera de los insumos, pasando por todo el proceso de producción, envasado, transporte a destino y comercialización. Atención a los países productores de materias primas porque también se aplica a ellos, en particular el agro.

Será un gran desafío para las industrias más contaminantes y las que se clasifican como de emisiones “inevitables”. La industria del aluminio, la aviación, los fabricantes de cemento y hormigón, la industria química, el transporte marítimo, la producción de acero y los camiones son considerados algunos de los mayores emisores de gases de efecto invernadero. El cemento y el acero son dos sectores clave pero ya están abocados de lleno a resolver la cuestión: saben bien que corren el riesgo de no poder vender más en unos años (2030) de no poder demostrar que su producción es totalmente limpia.

En las instituciones también se observan muestras de un cambio significativo de tendencia. En los Países Bajos hubo una sentencia que puede sentar un precedente histórico: la petrolera Shell debe reducir sus emisiones para el año 2030 en un 45% respecto de los niveles de 2019. Según el veredicto, el grupo Shell es responsable de sus propias emisiones y de las de sus proveedores. Es la primera vez que una empresa es obligada legalmente a alinear sus actividades con los acuerdos del clima de París.

Éstas decisiones simultáneas y contundentes de las principales potencias del mundo, organismos multilaterales, empresas, instituciones, fondos de inversión, sumado a la alarma por algunas señales inequívocas que está dando la naturaleza, muestran que el proceso de descarbonización total han tomado un impulso y velocidad que ya creó una inercia que luce irrefrenable, aumentando exponencialmente las chances de que se haga realidad.

Sin embargo se deben superar varias pruebas técnicas y económicas. Ciertas tecnologías de transición no están maduras y no tienen el suficiente estatus comercial para ser “bancarizables”. Pero sobre todo, cada una de las nuevas soluciones deberá ser competitiva en costos con las ya existentes, tarde o temprano. Si bien habrá, como ya existen, subsidios generosos para permitir su escalamiento e instalación, sin empatar los costos no serán viables. Ahí entra China, por ejemplo, para darle impulso tecnológico de alta sofisticación combinado con la escala que bajará dramáticamente los costos.

Esta inercia está arrastrando a todos los ámbitos generando un efecto manada. La innovación tecnológica, los fondos de inversión, los campus universitarios, los líderes de opinión e influencers, están migrando en dirección a esta tendencia.

La parte dinámica del mundo quiere ubicarse aquí. Pero no es solo “moda”, aunque por supuesto tiene algo de eso. Se está produciendo un cambio de conciencia profundo en la sociedad. La pandemia del Covid-19 también lo ha catalizado. Está sucediendo algo impresionante en la humanidad. Sólo una transformación de esta naturaleza puede ser la matriz de una nueva organización mundial respetuosa de las personas, del medio ambiente más horizontal y colectiva. Esa conciencia marida con energías más sutiles, limpias y democráticas.


La nueva Geopolítica.

La naturaleza de la Transición Energética es tecnológica. El dominio de esta nueva etapa no pasará por los recursos –marca de la era del petróleo-, sino por la tecnología para transformar y utilizar recursos infinitos (sol, vientos, agua) en energía. Cuidado!, una excepción a este axioma son los minerales raros, claves en nuevas tecnologías de transición que pueden repetir viejos patrones de disputas territoriales y geopolíticas.

Pedro Fresco, un autor español dice lo siguiente: Reino Unido dominó gracias al carbón, Estados Unidos tras la adopción del petróleo y la gran potencia del siglo 21 lo hará con la tecnología renovable. China tiene el propósito de lograrlo. Eso explica su anuncio de net zero en 2060 de agosto de 2020, destacado en la sección anterior como uno de los más trascendentes en la historia de la humanidad. Y tiene con que lograrlo.

En un libro claro de 2020, Geopolítica de la Transición Energética, Fresco muestra una clave para entenderlo. Dice: “actualmente se comercian recursos energéticos: sustancias que almacenaban energía en su química interna y, por tanto, con lo que se estaba comerciando era con energía. El carbón, el petróleo, el gas natural e incluso el uranio son recursos energéticos, y necesitamos consumirlos para generar energía. El mundo hacia el que vamos es distinto.

El recurso energético no va a ser un bien que consumamos y que debamos regenerar; van a ser los propios recursos naturales que tenemos en nuestros países, y que son virtualmente infinitos. El sol, el viento, el agua y otros recursos van a convertirse en nuestra fuente de energía principal, siendo flujos naturales que no tienen coste para nosotros. Además, no son transables como recurso natural, solo como forma de energía final”.

Este cambio sustancial modificará radicalmente las relaciones de dependencia entre los países. Los oleoductos, gasoductos y los buques petroleros y sus rutas de transporte dejarán de ser la red principal que da forma geopolítica al mundo actual. En general, los países tendrán mayor independencia respecto a los recursos energéticos dada su libre abundancia. Surgirán nuevas interdependencias determinadas por flujos eléctricos y otras formas de transporte.

Para el caso del hidrógeno verde, como veremos más adelante, serán claves las grandes superficies inhabitadas como fuertes y constantes vientos donde se podrán instalar grandes hubs de producción y exportación.

Empieza a pensarse, por caso, que algunas industrias difíciles de descarbonizar, como el acero, quizás elijan mudarse adonde se produce el hidrógeno verde (difícil de transportar) en vez de esperarlo en sus localizaciones actuales. Nuevamente el futuro surge a la vista: se reconfigurarán la mayoría de los flujos comerciales y con ello, las relaciones entre países.

Vamos hacia mayores niveles de independencia energética pero no es probable que sea total. Para ello debería haber independencia tecnológica y de recursos naturales. Es decir, ambos factores seguirán siendo claves para las nuevas relaciones que se generen. Ya mencioné el caso de los minerales críticos –litio- y los raros, esenciales en las tecnologías verdes.

Apunta Pedro Fresco en su libro que esta nueva disputa no está por comenzar, sino que lo hizo hace tiempo y ya hay algunas posiciones importantes tomadas. Seguramente en esto años se acelere a la par de la aceleración de la Transición que estamos remarcando aquí.

China ve una gran oportunidad de lograr el liderazgo global a partir de la tecnología. Innovación de avanzada y producción a escala ya son dos factores que domina. La Transición Energética, que como dijimos, es de naturaleza tecnológica, le da esta chance histórica. Por ejemplo, el auto eléctrico liviano le permite entrar en un sector donde antes lo hicieron los japoneses y los coreanos. En buses eléctricos ya domina ampliamente.

Esta decisión estratégica de descarbonizarse por completo para 2060 es sustancial para asumir que efectivamente esta transformación mundial se concretará. China como locomotora determinada a lograrlo y el resto de los países poderosos alineándose parece una fuerza imparable.

Otro factor importante puede generar una redistribución del poder en el mundo. El hidrógeno y otras alternativas en fuerte auge permiten el desarrollo de lo que se conoce como energía distribuida. La utilización de recursos cuantiosos y libres ya mencionados (sol, vientos, agua) permitirá la autogeneración de energía por individuos, comunidades, emprendimientos productivos.

El aprovechamiento comunitario de esos recursos y la disponibilidad de tecnologías asociadas, permite –ya está pasando- el despliegue de redes de energía autónomas y aisladas de alcance local como también regional y nacional. Ello permitirá, a su vez, la descentralización territorial de la actividad y presencial humana. La energía se podrá comenzar a compartir, algo así como la información se comparte a través de internet, creando un modelo completamente nuevo descentralizado, más democrático e incluso, ontocrático.


La forma de la Transición Energética.

Herramientas disponibles

Electrificación total

Bioenergías como complemento

Eficiencia energética

Captura y almacenamiento de carbono

Hidrógeno (le dedico una sección especial)

Antes de analizar cómo se dará este proceso, vale entender un concepto crucial: si bien la energía es el corazón de la problemática del cambio climático, el nuevo mercado que se abre en el mundo es mayor: la descarbonización de todas las actividades humanas. En la próxima sección al hablar de Hidrógeno me referiré a esto.

La Agencia Internacional de Energía, IEA (sigla en inglés), advierte en su reporte de mayo 2021 que el camino hacia el net zero mundial en 2050 es demasiado angosto y limitar el incremento de la temperatura a 1.5º y que aún todos los compromisos y acciones adoptadas por los gobiernos son insuficientes.

El desafío es descomunal: descarbonizar enteramente toda actividad humana en sólo 30 años. Según IEA, eso implica el despliegue de todas las energías limpias disponibles en simultáneo de aquí a 2030. Equivale a la habilitación de un parque solar del tamaño del más grande existente en el mundo por día. La buena noticia para la humanidad es que semejante esfuerzo puede crear nuevas industrias y millones de puestos de trabajo.

La Transición Energética es eminentemente eléctrica. Sobre eso existe consenso total. Para 2040 debe ser net zero. Ya está en camino a representar el 50% del total de la energía consumida. El automóvil eléctrico es la referencia inmediata. Para 2035 se espera que ya no se produzcan en el mundo automóviles con motor a combustión. El 2020 también ha sido el año de la consagración de esta tendencia y se han multiplicado los anuncios de las automotrices en éste sentido.

El foco pasa entonces a la huella de carbono de la generación eléctrica: se espera un fuertísimo aumento de las instalaciones solares y eólicas. Cumplir las metas del Acuerdo de París implica que no debiera haber más generación a carbón y con derivados del petróleo para 2040.

El gas natural de la Argentina podrá seguir utilizándose tal vez unos años más en la medida en que se le puedan aplicar tecnologías eficientes de captura de carbono y que no aparezca un reemplazo masivo equiparable en costo (¿generación eléctrica con hidrógeno verde?; ¿transporte enteramente con batería eléctrico o celda de combustible?; ¿calefacción con métodos enteramente limpios?; hidrógeno verde en lugar del gris y/o azul?).

Otra certeza de la Transición Energética es que se deben desplegar todas las alternativas a su máxima expresión y en simultáneo para intentar lograr las metas. Para 2050, esa diversidad se verá reflejada: los autos funcionarán con electricidad o celdas de combustible, los aviones combustibles sintéticos, biocombustibles avanzados o hidrógeno las industrias utilizarán hidrógeno o captura de carbono con criterio de economía circular, en el caso de las de emisiones inevitables. La generación eléctrica será mayormente solar y eólica. El hidrógeno también es una alternativa clave. Es muy probable que las tecnologías de almacenamiento hoy en fuerte expansión ya hayan alcanzado su madurez superando así el problema de la intermitencia.

Para alcanzar las tan ambiciosas metas de generación eléctrica renovable, cada fuente debe tener un desarrollo notable.


Fuente

Unidad

Multiplicación 2020-2050

Casas con paneles solares propios

millones

x10

Edificios con energía solar térmica y geotérmica

%

x6

Renovables de generación compartida

%

x3

Capacidad Solar adicional de generación anual

GW

x5

Capacidad Eólica adicional de generación anual

GW

x3

Fuente: IEA, mayo 2021.


También la electricidad deberá penetrar en sectores donde todavía no lo ha hecho: calefacción con bombas de calor, una alternativa que hoy se reconoce como prioritaria, acceso a la electricidad de millones de personas que hoy lo carecen, lo ya dicho sobre vehículos eléctricos: autos, buses y camiones, cocción con hornos eléctricos y producción de acero.

Las bioenergías pueden tener un rol muy destacado también, sobre todo en regiones como la central y noreste de Argentina que dispone de ingentes recursos y desechos biomásicos que pueden ser utilizados como energía logrando un circulo totalmente virtuoso. Los biocombustibles, por caso, deberán migrar a los de segunda y tercera generación, sobre todo para no competir con alimentos y aliviar el uso de tierras para el agro, otro sector con un enorme desafío para hacerse “verde”.

Las bionergías pueden ser utilizadas como combustibles de aviación y barcos. El biometano es una gran promesa para reemplazar al gas natural y se lo puede producir de residuos de varios tipos. Con el metano se puede producir electricidad y calefacción. La bionergía es clave para combatir la pobreza energética y brindar soluciones a los billones de personas que carecen de energía sustentable para sus actividades diarias.

La Eficiencia Energética es otra herramienta muy poderosa. Los escenarios de matriz energética mundial a 30 años suelen remarcar que la mejor fuente de energía es la que se evita consumir logrando el mismo resultado. Hoy el mundo dispone de múltiples soluciones para edificios, viviendas, vehículos e industria. Se trata de escalarlos rápidamente y convertirlos en estándar a partir de una transformación cultural basado en una conciencia de buen uso.

La Captura de Carbono es una pieza fundamental de la Transición Energética. Se la llama por la sigla en inglés CCUS, que significa captura de carbono, utilización y almacenamiento. Las diversas tecnologías disponibles y en desarrollo están en el foco de todo el sector energético e industrial, también, como venimos diciendo, con un incremento notable del interés desde 2020. Se trata de tomar los gases contaminantes que surgen de los procesos de generación de energía o de los diversos procesos productivos y hacer algo con ellos (tratarlos, reutilizarlos, almacenarlos) para evitar lanzarlos a la atmósfera.

El motivo de tan alto interés es que al sector energético le permite estirar la vida útil de instalaciones existentes, incluso, de turbinas a carbón. También provee una solución para aquellos sectores que identificamos antes como los más difícil de descarbonizar o de emisiones inevitables, como el cemento y el acero. Estas tecnologías facilitan también el rápido escalado de la producción de hidrógeno verde que puede ser una solución definitiva para esos sectores industriales, como veremos en la sección siguiente.

En general, la restricción de éstas tecnologías es que implican fuertísimas inversiones cuando se trata de grandes escalas sin tener certeza de que su reemplazo no sea en un plazo anterior al de su amortización.

Una alternativa muy atractiva en creciente observación es la captura de carbono por microalgas. Existe tecnología patentada, probada y en funcionamiento con proyectos en etapa de estudio de viabilidad en Argentina y la región. Las ventajas son varias: las inversiones son considerablemente menores a las alternativas de captura y almacenamiento bajo tierra, además, son escalables.

También, su proceso y la biomasa resultante permiten la consagración del concepto de energía circular: a partir de los gases captados y del proceso hecho por las microalgas se puede producir energía (biogás, biofuels, hidrógeno) y también ammonia, fertilizantes y hasta alimentos.

El Hidrógeno está siendo considerado en general por buena parte de los especialistas como un complemento a la electrificación cuando esta no puede reemplazar económicamente a los fósiles y los biofuels no logran completar la demanda (aviones, barcos). Si se lo considera clave para descarbonizar sectores industriales difíciles como acero y químicos. Así planteado, parece un rol complementario.

Sin embargo, en la sección siguiente veremos con detalle las aplicaciones posibles del hidrógeno y los volúmenes involucrados para estos mercados potenciales. Las escalas son sorprendentes. Y si el hidrógeno logra semejantes volúmenes y por lo tanto, costos competitivos, quizás su uso se vaya expandiendo cumpliendo la promesa de ser el vector energético por excelencia del futuro.


El HIDROGENO, la estrella verde de la Transición Energética.

Enumeramos recién las herramientas disponibles para concretar la transición energética y dejar atrás la era del petróleo. La principal, hoy, es la energía eléctrica producida a partir de fuentes renovables. Luego viene la eficiencia energética, gastar menos, consumirla mejor. Las bioenergías aparecen como una opción ya disponible, aunque deben pasar a nuevas generaciones. La captura de carbono es una herramienta imprescindible para recorrer el camino hasta que no hiciera mas falta. Ayuda a extender la vida útil de actividades contaminantes mientras se las reemplaza y hace “verde” fuentes inevitables de CO2.

Dejo el hidrógeno para el final. Existe un fuerte debate sobre el verdadero rol que puede tener en este proceso. Para algunos observadores, tiene todas las condiciones de base para ser el próximo eslabón histórico de la cadena carbón-petróleo-gas natural. Es un hecho que reúne esas condiciones. No es la primera vez que el mundo lo pone en foco como candidato para evolucionar del petróleo.

El último intento fue por los inicios del 2000 cuando debido a un nuevo incremento importante del precio del crudo algunos países centrales volvieron a impulsarlo y a destinar cuantiosos recursos para hacer I+D con el hidrógeno. Nuevamente, como ya había sucedido por los 40´s y 50´s, no ganó mercados pero sí logró desarrollo tecnológico que hoy podemos aprovechar, como es el caso de las celdas de combustible.

Como nada es tan sencillo, es cierto que el hidrógeno debe superar algunas cuestiones técnicas, logísticas y económicas para hacerse masivamente viable. Para otro conjunto de especialistas, está descartado que pueda convertirse en la solución integral final que promete. Además de no existir en la naturaleza en estado aislado, no es una fuente primaria si no un vector.

Se le objeta que su almacenamiento es complicado ya sea que haya que comprimirlo o liquificarlo. Al transportarlo puede debilitar el metal de los tanques de almacenamiento y se escapa fácilmente por las más pequeñas fugas además de ser inflamable.

Aquí va una reflexión personal: todavía tenemos un sesgo, probablemente más en occidente, de definir la incertidumbre mediantes antinomias. Planteamos los asuntos en términos ganador-perdedor. Se aplica a la política, a lo social e incluso a lo deportivo. La misma visión se está imponiendo a la energía.

Si hubo algo impredecible en el siglo 20 fue el avance tecnológico y su impacto económico y social. Podemos aprovechar esta nueva era para modificar también los patrones de pensamiento. Este proceso es de naturaleza tecnológica y la ciencia ya se está haciendo de manera colaborativa y abierta. La solución puede ser la complementariedad. Para alcanzar el objetivo net zero en 2050 todas las herramientas serán necesarias en simultáneo, cada una donde puede prestar la mejor utilidad.

Ahora nos adentraremos en el HIDRÓGENO. Intentaremos establecer con ojos de 2021 el rol que puede tener en éstos 30 años apasionantes que se vienen. Tengamos en cuenta que tenemos el factor tecnológico como una incertidumbre a favor: lo que hoy parece un impedimento o dificultad antieconómica puede ser resuelto con innovación en el futuro próximo.

Repasemos 2 conceptos claves:

· La Transición Energética está sucediendo, se aceleró irreversiblemente en 2020. Personalmente, firmo que se concretará, y que en todo caso la incógnita es su secuencia temporal.

· El mercado que se abre es la DESCARBONIZACIÓN de absolutamente todas las actividades humanas, es decir, es mayor al de la energía en sí misma, aunque claro, la energía es su gran corazón.

La emisión de gases contaminantes por sector económico es la siguiente:


Industria

21%

Transporte

14%

Generación Eléctrica y calefacción

25%

Agro, silvicultura y uso de la tierra

24%

Otros energía

10%

Edificios

6%

Fuente: Energy Emission Administration, 2020


Frente a este panorama, el HIDROGENO VERDE tiene 3 virtudes excluyentes:


1. Su producción y utilización es 100% limpia.


2. Su producción es ilimitada en volumen y en el tiempo.


3. Se puede utilizar en todos los sectores a descarbonizar.


Por eso se la puede llamar “el elemento de Dios”.


Los colores del Hidrógeno.


Rápidamente, repasaremos los colores del Hidrógeno.

Gris: de uso actual en la industria, se produce por reformado de gas natural y es muy contaminante.

Azul: se trata del gris con aplicación de alguna tecnología de captura de carbono (las vimos antes).

Verde: la estrella, se produce separando el H2 mediante la aplicación de una corriente eléctrica al agua (electrólisis). La electricidad debe ser solar o eólica, entonces el proceso es totalmente limpio. En la combustión tampoco emite C02 simplemente porque ese elemento no existe en su composición.

El verde se puede producir también a partir de biomasa: biometano, bioetanol, glicerina y residuos orgánicos.

Luego tenemos el rosa, vinculado a la energía atómica y el reciente turquesa, a partir de hidrocarburos con la técnica de pirolisis.


La aplicación en todos los sectores a descarbonizar.

Dije que otra virtud difícil de superar es su aplicabilidad en todos los sectores que serán descarbonizados.

Empezamos por el Transporte. El automóvil a batería eléctrica parece haber tomado una ventaja insuperable en 2020. Algunos analistas aseguran que ya ni siquiera se puede hablar de disputa con la celda de combustible (a hidrógeno) porque la evolución de la primera ha sido explosiva (Tesla) y la de la segunda ínfima en el último tiempo. Casi es una certeza que mi automóvil y el de quien este leyendo esto será a batería eléctrica en los próximos 10 o 15 años.

¿Se equivocaron los japoneses (Toyota, Nissan) que apostaron por la celda de combustible?, preguntó un especialista a otro en un debate reciente de popes mundiales en twiter. Claro que sí, contestó el otro sin dudarlo, “han perdido el tiempo”.

También se escucha mucho que cuando Tesla saque al mercado su camión a batería con 40 tn de carga y 1.000 km de autonomía anulará otro nicho posible para la celda, como son los camiones. Mientras, Toyota que no parece detenerse, anuncia que su Mirai a hidrógeno vence el récord de distancia de 1.000 km de autonomía con recarga de 5´.

Parece poco prudente tomar posiciones tan definitivas cuando esta era recién comienza. Si está claro que la batería eléctrica se convertirá en una realidad en breve en automóviles livianos. La celda de combustible podrá complementarla en ciertos mercados y aplicaciones. Resta ver la evolución en camiones, buses y trenes.

El hidrógeno es candidato, por ahora sin discusión, aunque resta establecer su viabilidad, para buques y aviación.

En cuanto a la Generación de Energía, se está estudiando su aplicación en centrales térmicas de ciclo combinado. También para ser combinado con centrales a carbón, por ejemplo en Japón. Puede ser una solución para el almacenamiento de energías renovables. Y se lo está probando para ser mezclado con gas natural en las redes de gasoductos ya existentes.

En la Industria, un sector candidato de gran relevancia es el acero. En el agro, un sector cuya descarbonización debe ser atendida muy seriamente en Argentina, la ammonia verde tiene un gran campo de acción como fertilizante.

Se ve con claridad porque el hidrógeno verde despierta tanta atención. Es absolutamente limpio en su producción y uso e ilimitado (las baterías de litio tienen reparos serios en los métodos de extracción, en la limitación de disponibilidad de reservas mundiales si toda la movilidad de automóviles y camiones fuera a migrar a esta modalidad y el reciclaje de baterías en desuso pasa a ser un problema importante). Y además, se puede aplicar sin excepciones en los sectores de la economía a descarbonizar: transporte, producción de energía, industria pesada y agro.


El sorprendente tamaño de los mercados potenciales.

Estamos frente a un fenómeno descomunal. Descarbonizar todas las actividades humanas en sólo 30 años, reemplazar los hidrocarburos como insumo fundamental de la economía en tan poco tiempo, supone nuevos mercados de tamaños siderales.

Intentaré mostrar la envergadura que puede tener el mercado del hidrógeno y espero que el lector comparta el asombro que yo sentí al tomar conciencia y comprender lo que está en juego para la economía mundial y la Argentina.


La demanda mundial estimada.





Esta curva está basada en las estimaciones de BNEF (BloombergNEF) y ETC (Energy Transition Comission). Ambas son coincidentes y muestran un mercado creciendo exponencialmente desde 0 en 2020.

El total, 700 millones de tn de hidrógeno, equivale en valor al 25% del total del mercado mundial de petróleo en 2021. Un mercado nuevo gigantesco.

Hay varios proyectos muy grandes de producción de hidrógeno que se vienen anunciando en el mundo. Tomaremos como referencia el Hub de Australia, el AREH, Asia Renewable Energy Hub.

Son 26 GW! en un solo proyecto. Argentina tiene unos 42 GW de generación eléctrica construidos a lo largo de toda su historia y, en un día normal, utiliza eso, unos 25/26 GW. Es decir, que en unos 6 años pretenden construir casi el equivalente a una Argentina para producir Hidrógeno! En este caso, Ammonia verde, que es el producto más prometedor.

La otra opción con mercados a la vista son los Efuels. El renombrado proyecto de HIF en Chile-Magallanes con un contrato firmado con Porsche para exportar un combustible verde producido con hidrógeno y dióxido de carbono.

Europa, por ejemplo, es un mercado muy prometedor para los efuels. Según estudios de la Comunidad Económica Europea, aún con todas las alternativas disponibles al máximo, tampoco llegan en 2030 a cumplir sus propias exigencias de descarbonización del mercado de combustibles. Sin embargo, los inversores ven que se trata de un mercado con fecha de vencimiento. Por ese motivo los grandes anuncios se basan en la ammonia verde actualmente.

Volviendo al tamaño de la demanda mundial proyectada para 2050, tomaremos al proyecto australiano AREH como referencia:


Demanda mundial total estimada de H2 en 2050

750 M tn = 420 AREH

Se necesitarían 420 proyectos como el australiano de 26 GW para cubrir la demanda total si se genera el mercado previsto en el cuadro expuesto. Es equivalente a 260 veces la Argentina, es decir, la totalidad de los GW eléctricos instalados hoy en este país (42 GW).

La estimación de la demanda esperada está hecha para los siguientes sectores:

. Acero

. Transporte marítimo

. Generación eléctrica

. Industria

. Transporte pesado

. Aviación

. Agricultura


Como vengo advirtiendo, el H2 verde deberá llegar a los mercados de destino (Europa - Asia) a precios competitivos para insertarse masivamente (usd 1/1.30 tn).

Si asumiéramos que este mercado se fuera a crear y que, efectivamente, el H2 verde lo pudiera atender, estando disponible en estos enormes volúmenes y costos competitivos en mercados como el europeo y asiático, quizás quede a un paso de hacerse competitivo para aplicaciones como el transporte liviano. Por ahora es demasiado hipotético.

Como también lo es, aunque ya se está pensando en ciertos centros estratégicos del mundo, que algunas industrias como el acero, en vez de esperar a que les llegue el H2 verde se muden adonde se producen para sobrevivir como industria frente a las exigencias estrictas de certificaciones verdes que se esperan en los mercados centrales.

Mencioné antes que si uno observa la postura de ciertas instituciones y especialistas con relación al Hidrógeno verde, que parecieran ubicarlo apenas como complemento para sectores donde la electricidad no llega, uno puede caer en el escepticismo o minimizarlo.

Sin embargo, cuando vemos el tamaño sideral que pueden adquirir esos mercados que, erróneamente, pueden parecer “nichos”, la potencialidad cambia notablemente. Y ahí es cuando se entiende porque está tan en el foco de los países centrales y de los grupos de energía globales que analizan el mundo como un solo mercado para detectar oportunidades.

Cabe, entonces, preguntarse si logrando ese posicionamiento inicial y adquiriendo escala, bajos costos y resolución de las restricciones tecnológicas, el hidrógeno no estará más cerca de cumplir su promesa de ser la solución definitiva limpia y abundante.


El potencial de la Argentina y la Patagonia sur.

Los recursos naturales le dan, nuevamente, una perspectiva muy auspiciosa a la Argentina de cara al nacimiento de una economía mundial del Hidrógeno.

Como vimos, se trata de convertir el viento y agua en moléculas y contribuir a la descarbonización del país para asegurar la competitividad de sus productos de exportación y también, exportar hidrógeno directamente a mercados como Europa y Asia.

Se necesitan fuertes vientos y, sobre todo, constantes, buen acceso al agua (puede ser marina) para el proceso y para transportar la producción y enormes extensiones de tierra sin habitar. Será un mercado altamente competitivo donde la diferencia la harán “centavos”. ¿Dónde se combinan en forma natural y óptima esas variables?

Veamos el mapa de vientos del mundo:





Es muy claro donde se dan esas condiciones naturales de forma notable de cara al mundo que viene.

La Patagonia Sur argentina-chilena es un territorio por excelencia para localizar hubs de hidrógeno verde y alimentar al mundo. Incluso, en el futuro, podría ser la sede de industrias globales con emisiones inevitables que migren buscando insumos limpios para poder continuar con sus actividades en un mundo donde sólo se podrá operar siendo totalmente “verdes”.

Argentina, además, debe prestar especial atención al proceso que se está dando en ciertos mercados destino de sus exportaciones que comenzarán a exigir certificación de descarbonización para poder ingresar los productos. En particular, el agro. Mantener su competitividad y e incrementar volúmenes en esos mercados implicará su total descarbonización. La producción propia de H2 verde debe ser vista, también, como una prioridad para ese propósito.

Los proyectos de inversión en estudio se basan en ammonia verde actualmente. Se supone que tendrán amplios mercados una vez operativos (no menos de 10 años) inicialmente, por ejemplo, en transporte marítimo y acero. Ya dijimos que el precio en destino debe ser competitivo con los existentes hoy; de otro modo no logrará imponerse.

La escala mínima de un proyecto de producción de H2 verde es muy alta. Los modelos de negocios óptimos están en estudio. Por ejemplo, hoy no se sabe cuál será el precio de la ammonia verde en sus mercados objetivo (pueden oscilar entre los USD 500 y 1.000 la tn). El módulo mínimo probablemente se encuentre entre los 2 y 3 GW, es decir, inversiones de 2,5 a 4 billones de USD iniciales. Luego, son expandibles varias veces, con límites en los mercados y tierras disponibles.

El proyecto AREH australiano, un blend eólico y solar de 26 GW, ocupará 650.000 ha, implica una inversión de USD 36.000 M, y en su máxima expresión albergará, adentro, una ciudad de 30.000 habitantes.

Este tipo de proyecto de tal envergadura implica el desarrollo de una nueva “ciudad” a su alrededor para proveer materiales, servicios, logística, tecnología y mano de obra. Se trata de una oportunidad de un nuevo desarrollo sin precedentes.

Una gran ventaja distintiva para un país como la Argentina, que históricamente ha exportado los mismos productos que consume internamente (granos, carne, energía), es que éstos proyectos de inversión no necesitan apoyarse en contratos en USD en el mercado local para su despegue inicial. Es decir que pueden iniciarse como proyectos de exportación. Luego, cuando la demanda argentina y regional comience a desarrollarse, dado lo dicho de las escalas iniciales tan importantes, no debiera ser un problema ir derivando los volúmenes necesarios para los requerimientos locales que crecerán paulatinamente.

Es obvio que tener recursos y factores naturales tan competitivos no alcanza para desarrollar este tipo de inversiones con montos iniciales de tal envergadura.

Es recomendable adoptar como país un sendero acorde a sus prioridades estratégicas, que puede estar compuesta de los siguientes elementos:

. Hoja de ruta para el desarrollo de la Economía del Hidrógeno 2030-2050 consensuada por todas las fuerzas políticas para que cada paso que del país tenga un sentido estratégico para su desarrollo armónico.

. Marco regulatorio, cuerpo de normas ambientales, de seguridad y calidad acordes a esta nueva industria.

. Concepción bilateral con Chile desde el origen de los potenciales proyectos de inversión localizados en la Patagonia Sur. Esta visión regional es clave para propiciar la viabilidad integral de los proyectos y serían una gran oportunidad para dar la vuelta de página definitiva en la relación entre nuestros países y consolidar una relación de colaboración acorde a los nuevos tiempos.

. Marco legal para proteger las inversiones con alcance internacional donde se pueden explorar acuerdos entre países y bloques comunitarios que tienen fuerte interés en el desarrollo de la economía del hidrógeno.

. Inversión tecnológica local para incorporar valor agregado producido en el país en toda la cadena de los proyectos

La región y en particular Argentina tienen una gran oportunidad en la era de la Transición Energética y su estrella, el Hidrógeno. Nuestros países pueden ingresar en esta era tecnológica siendo grandes productores con alto grado de incorporación local de tecnología y mano de obra calificada. Pero, las ventajas competitivas naturales tan ventajosas no serán suficientes. A favor tenemos también otros factores: una industria de energía, un complejo industrial competitivo, ingeniería de nivel y un sistema científico-tecnológico de prestigio.

Corresponde a toda la sociedad, sus instituciones y dirigentes consensuar el camino del aprovechamiento de ésta nueva gran oportunidad para ingresar en la próxima era mundial como un país desarrollado con un modelo colectivo, armónico e integrado.




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